29 de enero. Primer día tras regresar de un viaje en grupo a Tromsø de cuatro noches y cinco días. Es hora de deshacer la maleta y repasar todo lo que he vivido, porque esta experiencia en grupo en Noruega, en pleno Ártico, tiene mucho que contar.
Es una descripción sincera de cómo es realmente un viaje organizado a Tromsø para ver la aurora boreal, contada desde dentro.
Índice
- ¿Por qué decidí ir allí en grupo?
- ¿Cómo funciona exactamente el viaje?
- ¿Qué es lo que no me esperaba?
- ¿Volvería allí en grupo?
¿Por qué decidí ir allí en grupo?
He viajado solo muchas veces: Estambul, Viena, Londres, Edimburgo… Pero Tromsø es diferente. Uno no viene aquí para visitar una ciudad, sino para vivir una experiencia muy concreta: buscar la aurora boreal —y también ballenas— en un entorno moldeado por el clima y las condiciones meteorológicas.
Si vas por tu cuenta, o bien te pasas mucho tiempo analizando el tiempo con antelación o bien aceptas que quizá no veas nada. Compartirlo todo en un viaje organizado, con un grupo reducido y en catalán, transforma por completo la experiencia. Se crea un sentimiento de cohesión muy especial. La aurora boreal, vivida en grupo, une a las personas más de lo que uno podría imaginar.
¿Cómo funciona exactamente el viaje?
El viaje organizado a Tromsø comienza antes de salir de casa. Unos días antes recibes información detallada que te ayuda a preparar la maleta, especialmente diseñada para temperaturas extremas. Sobre el papel parece impresionante, pero con la ropa adecuada el frío deja de ser un verdadero problema.
Además, te unes a un grupo de WhatsApp donde la experiencia empieza a tomar forma. Cuando llegas al aeropuerto, ya no estás con desconocidos. Jordi, el coordinador de Travelàdic, viaja con el grupo y es fundamental tanto para la cohesión del mismo como para resolver cualquier situación. Se nota que conoce el terreno y sabe moverse por él.
Una vez en Tromsø, se te propone un itinerario, pero desde el principio queda claro que los planes pueden cambiar en función del tiempo. El ritmo es equilibrado: hay días intensos, como los dedicados al avistamiento de ballenas y a la búsqueda de la aurora boreal, y otros más relajados. Un buen ejemplo es el día en Fjellheisen, que te permite tomarte tu tiempo para disfrutar de las vistas de la ciudad y los fiordos antes de embarcarte en otra noche de búsqueda. Tras largas jornadas, siempre hay tiempo para descansar y reflexionar sobre todo lo que has vivido.
¿Qué es lo que no me esperaba?
Experiencia única
La búsqueda de la aurora fue, sin duda, lo más impresionante. Con unas previsiones complicadas y una densa capa de nubes sobre Tromsø, nos advirtieron de que no sería fácil. Comienza una búsqueda llena de acción: la furgoneta, las paradas, la mirada fija en el cielo, la interpretación de los mapas y la toma constante de decisiones.
Mientras otros grupos se dirigen a Finlandia, nosotros tomamos un camino diferente. Y funciona. Nos detenemos en seco: un claro, unas siluetas blancas que se mueven… y, de repente, verde. La aurora bailando sobre nosotros. Una emoción difícil de expresar con palabras.
Es cierto que, si no es muy potente, al principio a simple vista cuesta de ver y tiendes a mirarlo a través del móvil, donde la cámara hace que se vea el verdor brillante típico. Pero, si dejas el móvil a un lado, te acostumbras. Jordi insiste a menudo para que dejes la pantalla y vivas ese momento mágico. Gran consejo teniendo en cuenta que él también se ocupa de hacer algunas fotos de la experiencia que después comparte.
Un frío asumible
Tampoco esperaba que el frío fuera tan soportable. En las noches más duras recurrimos a trajes térmicos completos, que marcan una gran diferencia cuando pasas horas al aire libre. Saber que cuentas con ese apoyo te permite centrarte en el cielo y en la experiencia, y no en el frío.
Una barbacoa en la playa, una hoguera, silencio absoluto y una sopa caliente. Al día siguiente, repetimos la apuesta: un lago helado, un frío intenso, trabajo en equipo para perforar el hielo… y otra aurora. Dos noches de dos, en condiciones difíciles.
La luz
Tampoco esperaba que esas pocas horas de luz diurna formaran parte de la magia, ni que acabáramos viendo la aurora incluso desde el centro de Tromsø y desde el avión durante el viaje de vuelta.
¿Volvería allí en grupo?
Sin duda. Viajar en un grupo reducido y en catalán, creo, fue clave para que la experiencia resultara tan positiva. Delegar la mayor parte de las decisiones importantes en los expertos —sobre todo en un viaje que depende tanto del tiempo— te permite centrarte mucho más en vivir el momento.
Esto te lleva a pasar de una información superficial a comprender de verdad el lugar que estás visitando. No solo ves Tromsø y las auroras boreales, sino que captas su contexto, su ritmo y sus particularidades. Además, pasar cinco días con las mismas personas acaba creando una pequeña familia: convivís, esperáis, os emocionáis y celebráis cuando se cumplen las expectativas.
Para quienes viajan solos, como yo, esta forma de viajar resulta especialmente gratificante. Uno vuelve con fotos, sí, pero sobre todo con una experiencia compartida que le da mucho más sentido al viaje.
Por eso me pareció que optar por un viaje en grupo a Tromsø era la mejor manera de vivir la experiencia sin tener que preocuparme por todo aquello que escapa a mi control.
Por Pau Roig, miembro del equipo de Travelàdic y participante en el viaje de enero de 2026.
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